Durante décadas hemos utilizado el PIB y la renta por habitante para comparar países. Es comprensible: si una economía produce más y sus ciudadanos disponen de mayores ingresos, normalmente existen más recursos para vivir mejor. El problema aparece cuando confundimos riqueza económica con bienestar.
Un país puede tener una renta per cápita muy elevada y, al mismo tiempo, obtener resultados relativamente modestos en educación o esperanza de vida. También puede ocurrir lo contrario: economías que, sin encontrarse entre las más ricas del mundo, consiguen transformar bastante bien sus recursos en salud y formación.
Para intentar capturar esta diferencia, Naciones Unidas creó el Índice de Desarrollo Humano, más conocido como IDH. Personalmente, me parece uno de los indicadores internacionales más útiles siempre que entendamos exactamente qué mide. El IDH es bastante más completo que mirar únicamente cuánto dinero produce un país, pero tampoco debemos convertirlo en una clasificación definitiva de dónde se vive mejor.
Qué es el IDH
El Índice de Desarrollo Humano es un indicador elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, que resume tres dimensiones consideradas fundamentales para el desarrollo humano:
- Salud, medida mediante la esperanza de vida al nacer.
- Educación, utilizando los años medios de escolarización de los adultos y los años esperados de escolarización de los niños.
- Nivel de vida, medido mediante la renta nacional bruta por habitante ajustada por paridad de poder adquisitivo.
El resultado final se sitúa entre 0 y 1. Cuanto más próximo está a 1, mayor es el desarrollo humano registrado por el indicador.
Según la clasificación actual del PNUD:
| IDH | Nivel de desarrollo humano |
|---|---|
| Menos de 0,550 | Bajo |
| 0,550 - 0,699 | Medio |
| 0,700 - 0,799 | Alto |
| 0,800 o más | Muy alto |
La idea de fondo me parece bastante razonable: el dinero importa, pero importa sobre todo por las posibilidades que permite crear.
Un ciudadano con buenos ingresos pero una esperanza de vida muy baja o poco acceso a educación difícilmente puede considerarse igual de desarrollado que alguien que combina un nivel material razonable con salud y formación.
Cómo se calcula el Índice de Desarrollo Humano
El cálculo es algo más sofisticado que sumar tres cifras.
Primero se transforma cada variable en un índice entre 0 y 1 utilizando unos valores mínimos y máximos de referencia. En la metodología del informe de 2025, por ejemplo, se utilizan como referencias 20 y 85 años para la esperanza de vida, hasta 18 años esperados de escolarización y hasta 15 años medios de escolarización.
Para la renta se utiliza la renta nacional bruta per cápita expresada en dólares internacionales de 2021 y ajustada por paridad de poder adquisitivo.
Esto último es importante. La paridad de poder adquisitivo intenta corregir que un dólar no permite comprar lo mismo en todos los países. Una renta nominal mucho menor puede proporcionar un nivel material relativamente parecido si el coste de vida también es mucho más bajo.
Además, el PNUD utiliza el logaritmo de la renta. En la práctica, significa que aumentar los ingresos desde niveles muy bajos tiene mucho más impacto sobre el índice que pasar de ser extremadamente rico a todavía más rico.
La metodología de 2025 establece incluso un máximo de referencia de 75.000 dólares internacionales de renta nacional bruta por habitante. Por encima de ese nivel, más renta no aumenta directamente el componente económico del IDH.
Finalmente, los índices de salud, educación y renta se combinan mediante una media geométrica. Esto penaliza que un país obtenga un resultado excelente en una dimensión pero muy malo en otra.
Qué países tienen un IDH más alto
El último Informe sobre Desarrollo Humano disponible en el momento de escribir este artículo es el publicado por el PNUD en 2025, que utiliza datos correspondientes principalmente a 2023.
Algunos ejemplos ayudan a poner las cifras en contexto:
| País | IDH 2023 | Posición |
|---|---|---|
| Islandia | 0,972 | 1 |
| Noruega | 0,970 | 2 |
| Suiza | 0,970 | 2 |
| Estados Unidos | 0,938 | 17 |
| España | 0,918 | 28 |
| Portugal | 0,890 | 40 |
| Qatar | 0,886 | 43 |
| Costa Rica | 0,833 | 62 |
Estos datos muestran algo interesante: ser uno de los países más ricos del planeta no garantiza automáticamente ocupar las primeras posiciones del IDH.
Qatar, por ejemplo, supera ampliamente en renta por habitante a numerosos países europeos, pero ocupa la posición 43. El componente económico ayuda, evidentemente, pero salud y educación también condicionan el resultado final.
Portugal ofrece otro buen ejemplo. Su renta es considerablemente menor que la de Estados Unidos, pero eso no significa que su desarrollo humano sea proporcionalmente inferior. Cuando analizamos los problemas sociales y económicos de Portugal vemos precisamente por qué una economía necesita estudiarse desde diferentes dimensiones.
Qué nos explica realmente el IDH sobre un país
Para mí, la principal utilidad del IDH es obligarnos a salir de una visión exclusivamente económica del progreso.
Permite separar parcialmente riqueza y desarrollo
Dos países pueden tener rentas parecidas y obtener resultados distintos en salud y educación.
Esto nos lleva a una pregunta bastante más interesante que simplemente cuánto produce una economía: ¿hasta qué punto consigue transformar sus recursos en capacidades para sus ciudadanos?
Una economía rica dispone de más posibilidades para financiar hospitales, universidades, infraestructuras o protección social. Pero disponer de recursos y utilizarlos eficazmente son dos cosas diferentes.
Permite analizar la evolución de un país
El ranking llama mucho la atención, pero yo considero más interesante observar la trayectoria.
Portugal tenía un IDH de 0,707 en 1990 y alcanzó 0,890 en 2023. España pasó de 0,766 a 0,918 durante el mismo periodo.
Que un país suba o baje algunas posiciones puede depender de lo que hagan los demás. La evolución de su propio IDH nos dice mucho más sobre su progreso estructural.
Introduce factores que el PIB ignora
Cuando analizamos los principales problemas sociales y económicos de España o los problemas de México, enseguida vemos que crecimiento económico, salarios, salud, educación, vivienda y oportunidades no evolucionan necesariamente al mismo ritmo.
El IDH intenta capturar una parte de esa complejidad.
El gran problema del IDH: trabaja con promedios
Aquí aparece su limitación más importante.
Imaginemos dos países con exactamente la misma esperanza de vida, educación media y renta per cápita. Ambos podrían obtener prácticamente el mismo IDH aunque en uno los recursos estuvieran distribuidos de forma relativamente uniforme y en el otro existieran diferencias enormes.
El IDH convencional no nos dice quién posee la riqueza ni quién recibe realmente esas oportunidades.
Este problema es parecido al que encontramos con la renta per cápita. Una media nacional puede esconder realidades completamente diferentes dentro del mismo territorio.
Por eso conviene cruzarlo con el índice de Gini, que mide la desigualdad económica.
De hecho, comparar los países con menor desigualdad con los países con mayor desigualdad muestra perfectamente que desarrollo, riqueza e igualdad son conceptos relacionados, pero diferentes.
Un país puede ser pobre e igualitario. Puede ser rico y desigual. Puede presentar un IDH muy elevado y conservar importantes diferencias entre grupos sociales.
El IDH ajustado por desigualdad intenta corregir este problema
El propio PNUD reconoce esta limitación y publica el Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, conocido como IHDI por sus siglas en inglés.
Este indicador reduce el resultado de un país cuando los logros en salud, educación e ingresos están distribuidos de manera desigual entre su población.
Me parece una herramienta especialmente interesante porque introduce una idea fundamental: no es lo mismo que un país alcance buenos resultados de media a que esos resultados estén ampliamente repartidos.
El PNUD publica además otros indicadores sobre desigualdad de género, pobreza multidimensional y presiones medioambientales. Ninguno sustituye completamente a los demás.
Lo que el IDH tampoco puede decirnos
Aunque incorpore tres dimensiones importantes, sería un error equiparar directamente IDH con felicidad o calidad de vida.
El índice no mide directamente cuestiones como:
- Seguridad ciudadana.
- Calidad de la vivienda.
- Libertad política.
- Calidad institucional.
- Contaminación local.
- Tiempo libre.
- Soledad o relaciones sociales.
- Salud mental.
- Coste real de acceder a una vivienda.
- Distribución del patrimonio.
- Satisfacción personal con la vida.
Y estas variables pueden cambiar muchísimo la experiencia cotidiana.
Una persona podría preferir vivir en un país situado en el puesto 25 antes que en otro situado en el puesto 15 por clima, seguridad, idioma, impuestos, coste de la vivienda, relaciones familiares o estilo de vida.
El IDH describe determinadas condiciones medias de una sociedad. No decide dónde debería querer vivir una persona.
IDH, PIB per cápita y Gini: tres preguntas distintas
Yo los interpretaría conjuntamente:
| Indicador | Pregunta principal |
|---|---|
| PIB o renta per cápita | ¿Cuántos recursos económicos genera o recibe, de media, la economía? |
| Índice de Gini | ¿Cómo de desigual está distribuida la renta o el consumo? |
| IDH | ¿Qué resultados medios obtiene el país en salud, educación y nivel de vida? |
Ninguno debería utilizarse de forma aislada.
Un país con renta elevada puede distribuirla mal. Otro puede tener poca desigualdad simplemente porque casi todo el mundo dispone de pocos recursos. Y otro puede obtener buenos resultados sanitarios y educativos pese a tener una renta considerablemente inferior.
Precisamente por eso me interesa analizar economía y sociedad utilizando varios indicadores en lugar de buscar una cifra mágica que ordene el mundo.
Mi forma de interpretar el IDH
Si tuviera que quedarme con una idea, sería esta: el IDH es una mejora importante respecto a medir el progreso únicamente mediante dinero, pero sigue siendo una simplificación enorme de la realidad.
Su gran virtud es recordarnos que el objetivo final de una economía no debería ser simplemente producir más, sino ampliar las posibilidades de las personas para vivir vidas largas, formadas y materialmente dignas.
Su gran debilidad es que tres dimensiones nunca podrán resumir completamente algo tan complejo como el bienestar.
Por eso utilizaría el IDH como punto de partida, no como conclusión. Después miraría desigualdad, salarios, vivienda, seguridad, instituciones, pobreza, patrimonio, productividad y oportunidades reales.
Porque un país no es desarrollado únicamente cuando genera mucho dinero. Lo es, en buena medida, cuando consigue convertir sus recursos en oportunidades reales para una parte amplia de su población.
Criterio editorial
Contenido educativo. No constituye asesoramiento financiero, fiscal ni una recomendación personalizada de compra o venta.
Autor
Bertrand Regader
Revisión
Equipo editorial de Rentas Pasivas
Actualizado
26 de septiembre, 2026
Referencias enlazadas cuando el artículo usa datos, estudios o documentos externos.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa IDH?
¿Cuál es un IDH considerado alto?
¿Cuál es el país con mayor IDH?
¿El país con mayor IDH es necesariamente el mejor país para vivir?
¿Qué diferencia existe entre el IDH y el PIB per cápita?
Fuentes y Referencias
Escrito por
Bertrand RegaderCEO
Bertrand Regader es empresario, inversor y CEO de RentasPasivas.com. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona y con formación de posgrado en Economía, ha desarrollado buena parte de su carrera creando, haciendo crecer y gestionando negocios digit.
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Bertrand Regader. (2026, septiembre 26). IDH: qué es y qué nos explica sobre el bienestar de los países. Rentas Pasivas. https://rentaspasivas.com/idh
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¿Qué es el índice de Gini y qué nos explica sobre la desigualdad?
El índice de Gini resume la desigualdad económica en una cifra, pero interpretarlo bien exige entender qué mide, cómo se calcula y qué información deja fuera.
¿Qué es la renta per cápita y cómo se calcula?
La renta per cápita permite comparar economías, pero no indica cuánto gana realmente una persona. Entender sus límites evita conclusiones engañosas sobre riqueza y bienestar.
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