Comprar activos de calidad cuando están baratos (o razonablemente baratos)
Todo empieza aquí, en el momento de la compra. No en el momento de vender, no en el momento de "acertar el mercado": en el momento de decidir qué compras y a qué precio.
La palabra clave es calidad. No se trata de perseguir la acción de moda, el fondo que más ha subido este trimestre o la propiedad más vistosa del anuncio. Se trata de identificar activos sólidos: empresas con negocios comprensibles, con historial de generar beneficios y de repartirlos, o inmuebles bien ubicados con demanda real detrás. Activos que, pase lo que pase en el corto plazo, sigan teniendo sentido dentro de diez o veinte años.
Y la segunda palabra clave es precio. Un activo excelente comprado a un precio disparatado deja de ser una buena inversión. Comprar barato, o razonablemente barato, no significa esperar al mínimo histórico - eso es una trampa que paraliza a mucha gente para siempre -, sino tener la paciencia y el criterio de no pagar de más por entusiasmo, por moda o por miedo a quedarse fuera. La calidad te protege del riesgo del negocio. El precio protege tu rentabilidad futura. Necesitas las dos cosas.
Esta fase requiere criterio, algo de análisis y, sobre todo, calma. Es la parte del método donde más se piensa. Las otras dos, en cambio, tienen mucho menos que ver con pensar y mucho más con no hacer nada.